ÉLIDA (O DE LA PACIENCIA)

 

San Basilio de Palenque es otro mundo y Élida una alienígena. Esta mujer habla con un acento tan bello que arrulla. Mientras la entrevistaba no sabía si prestarle atención a sus manos o a lo que me decía, de todos modos, como estaba grabando, me confié y me dejé llevar por el interés que había despertado en mí su pericia en el arte del peinado. Llegué a “La reina del Kongo“, sala de belleza y casa de Élida, un miércoles a las 11 de la mañana. Esperé a que terminará de hacer unas trenzas libres a una mujer que venía desde Cartagena y me senté a su lado a verla peinar… y a entrevistarla, por supuesto.

Por las venas de Élida corre sangre cimarrona, sangre de un pueblo de guerreros que se liberaron de la opresión esclavista. Pero la fuerza de Élida parece estar concentrada en sus manos. Con el cuidado y la precisión de un relojero, mueve un pelo allí y otro más allá, trenza y anuda… y vuelve a empezar. Poco a poco se dibuja en la cabeza de la clienta una cadena montañosa, un valle, un camino…

Me cuenta que los peinados sirvieron para hacer mapas que utilizaron sus ancestros para escapar hacia la libertad. Ahora, ella peina para ayudar a su clientela a expresar un sentimiento o un estado de ánimo.

Llevamos hablando una hora y, cuando me pide una pausa para ir a traer una peineta, aprovecho para detener la grabación mientras regresa. Pero pasó lo inimaginable, lo que a mí nunca me había pasado y jamás me volverá a pasar: ¡no había grabado nada!

Quedé estupefacto y cuando Élida volvió a sentarse frente a mí, con voz temblorosa y fingiendo como pude una sonrisa le dije: —A que no te imaginas. —No grabaste nada. Casi lloro. Pero la sonrisa de Élida y la carcajada de su hermana Yadelsi me dieron ánimo y decidimos volver a realizar la entrevista (consejo: ¡compruebe más de una vez que la grabadora esté grabando! Ojo con las grabadoras, por lo general el botón de grabación debe oprimirse dos veces. Hágalo, no sabe el dolor de cabeza y de espíritu que se puede ahorrar).

Mi mayor aprendizaje con Élida está relacionado con la paciencia, con la entrega del artesano en cuerpo y alma a su oficio. De ese modo me aproximé a la realización del podcast. Armé cada pequeño tramo, de 5, 10 o 15 segundos, con tanto cuidado como pude, qué decir de las secuencias largas, aquellas conformadas por tres o cuatro grabaciones que debían transmitir un mensaje de manera coherente. Fue todo un ejercicio artesanal, y eso lo aprendí viendo a Élida trabajar durante horas, sin inmutarse.